Se presenta “Cruzar el desierto” de Nico Guglielmetti (Colectivo Semilla, 2018)

En el marco del 8° Festival de Poesía Latinoamericana de Bahía Blanca en su jornada de cierre denominada “Bonus Track”  Natalia Fiore va a armar un posible recorrido de lectura por este flamante título que se suma al catálogo de Colectivo Semilla Ediciones. Para más tarde, se proyecta que Nico lea un fragmento de este único poema que atraviesa el libro. La cita es el Domingo 7 de Octubre a las 18 30 hs en Factor C (Las Heras y Ceballos). Entrada libre y gratuita

 

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El lector por el ojo muere (por Natalia Fiore)

 

 

La imagen del título del libro, “cruzar el desierto” (en este caso, el “desierto” de la conquista roquista), nos remite a un espacio horizontal, llano, plano, en el que todo ocupa un mismo nivel, al ras del suelo; y también nos remite al procedimiento formal privilegiado a través del cual habitamos como lectores este poema: la yuxtaposición. Pareciera que entre esa larga tirada de breves estrofas o de versos sueltos que forman el libro no hay jerarquías, reina la igualdad entre cada fragmento yuxtapuesto (es el paisaje horizontal que insiste a medida que atravesamos el desierto).

Esta propuesta formal implica al lector de un modo particular ya que pone en funcionamiento un modo de lectura que exige buscar en el interior de los versos las razones que justifican tal adyacencia entre las estrofas; es decir, es a partir de la adyacencia de los elementos, marcada por breves pausas o silencios, que se establecen las relaciones de significado entre cada una de las estrofas yuxtapuestas que dan estructura al poema. En ese sentido, el libro propone programáticamente una lectura activa y propositiva: ya que el poema activa en el lector no solo la necesidad de encontrar la razón por la que el autor colocó consecutivamente esas estrofas, sino también, la urgencia por inferir y reconstruir las relaciones de poder que aparecen de forma implícita en los versos. Por eso, esa horizontalidad en términos formales complica más al lector, lo ubica en una posición incómoda: las jerarquías las construye cada uno de acuerdo a su ideología política y literaria. Ahora, ¿desde dónde empezar a construirlas?

“No es la curiosidad metafísica/la que organizó esta excursión”

Iniciar un recorrido de lectura que permita reconstruir las relaciones de poder implícitas en el poema nos obliga a contrastar la diversidad de fuentes a las que apela el texto para dar cuenta del tiempo y el espacio histórico en el que se inscribe: el cine, la poesía, las redes sociales, la TV, la radio, los diarios, el grafiti, el stencil, las canciones, las conversaciones cotidianas y, también, “las campañas de concientización de Profertil”. Todas ellas pueden leerse horizontalmente en el plano de la hoja pero sobre ellas no puede dejar de pensarse en términos jerárquicos y verticales, porque emergen de un espacio social y político situado: Bahía Blanca. Las referencias son exhaustivas: la rotonda del “Cholo”, el programa radial “Panorama” de LU2, el monumento a Bernardino Rivadavia en la plaza principal, “el puente que une Parchape con Avenida Cerri”, el fósforo local, el cauce del Napostá, la Universidad Nacional del Sur, la esquina Garay y San Lorenzo en el barrio Bella Vista, el diario con que envolvemos los huevos….

Además de situar el espacio del poema se trabaja para situar la escritura en un tiempo preciso, como si de algún modo se quisiese enhebrar en los versos la construcción de cierta cronología a la que el poema adscribe: 1. Con ironía la primera estrofa hace referencia a una película del 2015 basada en una novela del 2011 (cuya referencia literaria no importa en estos versos): “Yo no vi /las 50 famosas sombras/ del señor Grey”; 2. A continuación se reescribe un verso de Daniel Durand del 2001 y el poeta se pregunta “sobre lo avanzado”. Ese procedimiento de la reescritura -en tanto se realiza una elipsis del pronombre “yo” y, a su vez, los dos versos del poema se transcriben en un único verso- pretende mostrar que lo que escribió el poeta ahora forma parte del fluir del habla de quien conversa sobre esos poemas actualmente (“decía hace una década Durand”);  3. Otra vez la cita de un libro de poesía del 2001: “Poesía Civil” de Sergio Raimondi, que se plasma en el texto de la misma manera: rescribiéndolo; 4. Y, último, “La gente quiere un cambio”, elemental consigna -dice el poema-, que ha signado (y arrollado) la política de los últimos tres años en la Argentina. Hay más.

¿Por qué esa preocupación manifiesta en situar el poema, en inscribir literariamente las coordenadas temporales y espaciales de esta excursión materialista? Quizá porque aunque se es consciente de que “Poner la palabra petroquímica en un poema/ no te convierte en un intelectual comprometido/ con el espacio mismo/ donde estás produciendo”, tampoco se puede escribir desde las esferas celestes, desde el escritorio de marfil, una poesía que trata de registrar que “la ciudad también es todo lo que no pasa”: los dos mechones de pelo que se le caen a Ana por stress, el mural pintado al Che de las agrupaciones de izquierda, la visita al oftalmólogo de quien vive en Ingeniero White, la bolsa de pescadilla de la ría contaminada, las zapatillas colgadas del tendido eléctrico en calle Pasteur; es decir, el poema al registrar todo aquello que pasa, pone de manifiesto lo que las empresas de comunicación locales callan, como si la “cortina de humo” por la que se entra en Bahía Blanca nos obligase a asumir una perspectiva acotada para reconocer y develar dónde y cómo vivimos.

“¿Por qué fresas y no frutillas?”

Esa es la pregunta que cierra el libro y que, a la vez, vuelve a abrirlo ya que a través de ella el poema se repliega sobre sí mismo para interrogar la lengua que usamos, no solo para traducir (en este caso, la canción “Strawberry fields for ever” de The Beatles) sino también para escribir un texto poético. Por eso, si asediamos el libro con ese interrogante podremos dar cuenta de la alta conciencia técnica con la que operó el poeta para seleccionar el léxico utilizado: eligió con exactitud y precisión determinadas palabras que están presentes en los discursos sociales actuales y que de modo ineludible necesitamos usar para pensar nuestra realidad más cercana.

Ahora, confeccionado el diccionario, el dilema es organizar los elementos en una sintaxis cuya densidad poética le devuelva al lector un discurso claro, conciso, maleable, que lo habilite a repensar y a cuestionarse, con justeza, las certezas y las incertidumbres de nuestro acontecer individual y colectivo: la Argentina reciente, la Bahía Blanca actual.

“Cierro una bolsa/con pescadilla de la que voy a negar el origen”

Y de cómo se vive en Bahía Blanca también habla el poema, porque la experiencia vital de quien escribe no se vuelve ajena al texto mismo; entonces, en el momento que ciertos versos más narrativos podrían dar inicio a una novela, el yo poético reafirma: “que es un tipo que asiste a un taller de poesía” (la EAPP: Escuela Argentina de Producción Poética de la que participó el autor en 2015) y, así, el poema habilita a leer ciertas estrofas como referencias autobiográficas al mundo personal: la pesca artesanal, Ana.

“Yo no vi”

En principio pareciera que el yo poético es un “ojo” que ve: un observador extremadamente selectivo, decide qué ver y qué no; y, a su vez, en tanto sujeto que sabe mirar, también se presenta como lector. Pero si aguzamos nuestra vista escucharemos en la escritura el ritmo y el tono de voces yuxtapuestas, que habilitan una lectura en la que la función de ver y de oír queda homologada a la función de pensar.

Bueno, eso, cierto mapa de escritura para “Cruzar el desierto”.

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Nicolás Guglielmetti sobre Cruzar el desierto

 

Nací en 1981 en Bahía Blanca. Cursé estudios de letras en la Uns y formé parte de Vox Ruta 33 y EAPP (Escuela argentina de Producción Poética), ambos programas destinados a la formación de escritores emergentes. En 2008 fundé el periódico Ático del cual fui director hasta 2009. Ese mismo año fundé Nexo, proyecto cultural bahiense que comando hasta estos días y oscila entre el papel, la web, el formato radio e incursiones audiovisuales.

En poesía publiqué las plaquetas Cesar Palace (Ed. Semilla, 2009), Tres Dedo
(Ed. Niña Bonita, España 2011), La adolescencia del bostezo (Ed. Letras de Cartón, Chile 2012) y Bella Vista (Ed. Vox, Argentina 2015) y Cruzar el desierto (Colectivo Semilla, 2018).

Cruzar el desierto (Colectivo Semilla Ediciones, 2018) nació en 2015, instancia previa al ballotage Scioli-Macri, cuando ingresé a la EAPP (Escuela argentina de producción poética) una beca taller para escritores, bajo las órdenes de Sergio Raimondi, Marcelo Díaz, Omar Chauvié y Mario Ortiz entre otros.

Nació al calor de las preguntas que en el taller le hacíamos a Bahía y a la poesía. Los interrogantes se cruzaron también con otras disciplinas (la fotografía, la danza, el cine y la música) y poéticas, y surgió una serie de textos, que no quedó ajena al bombardeo mediático del contexto político y de la agenda que imponían las redes .

Las traducciones y lecturas de esos discursos formaron la serie y devinieron en un único poema XL. El desafío resulta mantener la tensión en lo que dura del viaje. Trabajar con diferentes discursos y resignificarlos ubicándolos en contextos ajenos (aparentemente).

Preguntas como hasta dónde es pertinente decir, cuales son los límites de la poesía, quién es el dueño de las palabras dieron el punto de partida de Cruzar el desierto. Sin embargo, estas no fueron las únicas: ¿Cuál es la ciudad que habitamos: la que talla “la historia oficial” o la que reconstruimos indagando los márgenes? ¿Qué festejamos cuando se conmemora la fundación de una ciudad?

¿Cuál es la función del poeta: tener la mayor cantidad de amigos que lo legitimen o ir otorgándole mayor espesor a las consignas más allá de nuestras afinidades? ¿Qué sucede con la experiencia a partir de las redes sociales? ¿Qué sucede cuando lo que parecía un chiste de mal gusto se convierte en un monstruo que te pisa la cabeza? ¿Es válida una poética que a medida que avanza va mostrando su biblioteca? Es algo de lo que puede encontrarse en el viaje de Cruzar el desierto.

Cuestionamientos hacia afuera y hacia adentro de la literatura, preguntas que encarnan respuestas en un libro, cuyo título principal es “Strawberry Fields Forever”, como tótem que insta a ir a estrellarnos contra la utopía (¿cuál?).

Y también, las anécdotas. Comienza con aquella que tiene como protagonista a Menem. Cuando era presidente vino a pescar tiburones a la ría local y a comer al taller mecánico de al lado de mi casa. Yo era chico, tengo un recuerdo vago, pero esa anécdota siempre fue reversionada en el barrio. Dicen que se sentó en el mismo tablón donde se juntan a comer todos los jueves en el taller y los custodios probaron su comida antes que él. Pensaba eso en tiempos de tanta invasión político discursiva y en qué pasaría si sucediera hoy. Pensaba si lo que escribimos no es una gran reversión… Pensaba en el peronismo como movimiento y afección popular. En la necesidad de recuperar la anécdota, en las voces, insertada en la poesía (si fuera el lugar adecuado).

Cuántas cosas así o, sin duda más bellas, se pierden en la oralidad, con el paso del tiempo. En el horizonte de esta recuperación, escuchaba a Alfio “el Coco” Basile decir que en una esquina de mi barrio, cuando él era un purrete de pantalones cortos, había visto una luz con forma de plato volador que lo hizo “enjabonar todo”. Recordaba que en ese lugar hoy hay un mural del “Che” Guevara. Claramente los espacios de la ciudad se rescriben y asumen otras textualidades que no dejan de contradecirse, por ejemplo, con el monopolio informativo de medios cómplices de las dictaduras argentinas, que hegemoniza la ciudad. Pensaba cómo será leído este lugar, que parece Springfield, este texto, que parece un viaje, por alguien de afuera: ¿afuera de dónde?, ¿de Bahía?, ¿de la literatura?

Cruzar el desierto tiene intenciones y una coincide con mis otros libros: la búsqueda de un lector participante, que arme sistemas, recoja las pistas y diseñe su propio rompecabezas. Ahí radica lo que más me seduce de la poesía: dejar sueltas sentencias que disparen a preguntas fundamentales, o viceversa. Un lector que se incomode en la lectura de un verso icónico de la poesía de los noventa en simultaneidad con una frase de campaña y un tweet fake. Las operaciones son infinitas.

Así se construyó Cruzar el desierto. Ahora es un artefacto literario dispuesto a la deconstrucción. Es difícil explicar una operación de escritura a través de sus temas, de los recursos o los procedimientos con los que se cuenta, pero acá estoy: proyectando una travesía que nunca va a ser la misma.

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8º Festival de Poesía Latinoamericana de Bahía Blanca
PROGRAMACIÓN  2018

DOMINGO 7

BONUS TRACK presentación de libros en Factor C, Zeballos y Las Heras.

17 hs. Presentación de la “Antología del 8º Festival de Poesía Latinoamericana de Bahía Blanca” (Ediciones LUX, 2017).
18 hs. Presentación de “Un billete de mil australes encontrado en un libro de Carl Sagan”, de Fernanda Mugica (Editorial Municipal de Rosario, 2017)
18:30 hs. Presentación de “Cruzar el Desierto” de Nicolás Guglielmetti (Colectivo Semilla, 2018)
19 hs. Presentación de “Blancas y Plateadas”, de Sofía de la Vega (Ediciones Neutrinos, 2018)
19.30 hs Presentación de “Parresía”, de Gastón Vázquez.( HD ediciones, 2018)

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