LA TORMENTA PERFECTA (una crónica del 8º Festival de Poesía Latinoamericana Bahía Blanca) 2º parte

(por Oxi Gómez)

 

Cinco de octubre: No podés parar las olas…

 

 

Cinco horas de sueño, asegurar que el celular tenga carga para poder registrar todo lo que pueda y una taza de café, no mucho más que el tiempo corre.

 

Nos encontramos de mañana en Zapiola y la Calle del Malón, nuestro punto de encuentro con Milton y las poetas locales invitadas del día, Lena Díaz Pérez y Valeria Mussio. Hoy la visita toca en la escuela 21, que nos recibe en su patio cubierto, estudiantes del secundario escuchan a las poetas leer

No se hace esperar la lluvia de preguntas, a mansalva, y sobre todo son las pibas las que toman la posta. Más de una escribe, qué digo, al menos cuatro de entrada se animan a decirlo y a preguntarles por su proceso creativo y el trabajo del lenguaje; se habla de la inspiración; si es necesaria la imaginación; también de la necesidad de constancia; sobre la ficción en los poemas, incluso preguntan dónde pueden leer más de sus producciones. Si me preguntan, creo que acabo de ver dialogar la llamada “poesía joven”, o mejor dicho, dos jóvenes poetas de mi generación, con la potencial futura poesía, y no me parece algo menor. No por nada uno de los temas que surgió fue el valor que tiene la poesía en la escuela y el hecho de que las chicas puedan estar de visita hoy.

Más de una hora pasa y nos queda gusto a poco, pero somos esclavos de los tiempos institucionales. Mientras los grupos vuelven a sus aulas para dejar paso al recreo de primaria, una docente se nos acerca emocionada y nos agradece, y sinceramente no sé dónde meterme: miro a Lena y a Valeria rodeadas de pibas que les muestran desde sus celulares los textos que escriben, les piden opiniones, quedan en mandarles lo que hacen alg

una vez y tener una devolución. Agradézcanles a ellas.Uno de los chicos. Lautaro, pasa al frente y nos comparte un poema suyo, otra chica, Mili va al frente y nos lee un breve rap que hizo (y sí, inevitablemente vuelve a surgir acá también: más de un estudiante en la escuela rapea, y sí chiques, dicen las pibas, el rap también es poesía).

 

Salimos en patota y nos vamos derecho a la Biblioteca Rivadavia, temiendo llegar tarde al homenaje a Gabriela Mistral que va a suceder a media mañana. Por suerte las cuadras son pocas, y llegamos justo antes que las poetas.

Una vez tomados los lugares en el auditorio de la biblioteca, el personal de la biblioteca, junto con el cónsul chileno, dan una breve introducción y saludan este homenaje. Acto seguido, toman sus lugares Ana Miravalles, Ana Wandzik y la Elvira Hernández, que han seleccionado distintos momentos en la obra de la poeta chilena para leerla a partir de distintas perspectivas.

 

Luego de un ameno cierre de parte de la banda Sinfónica de Bahía Blanca, disparamos hacia la parada del colectivo, trepamos a la 502 rumbo a la sede de humanidades, cosa de poder almorzar y armar unos mates antes de quedar “en el medio de la ola”.

 

La mesa la moderan Lucía Bianco y Anabel Tellechea; Marina Mariasch, Roberta Iannamico y Dani Umpi van a debatir sobre las particularidades de producir y editar en el contexto de la marea feminista que viene creciendo en los últimos años. El punto de partida, sin dudarlo, es hito del Ni Una Menos hace tres años. Caudales de agua pasaron por debajo y por encima del puente desde entonces: la lucha feminista se fue visibilizando exponencialmente en Argentina y el resto de América Latina. El debate es dinámico, constante y las preguntas de la gente no se hacen esperar. ¿La irrupción de este fenómeno afectó la producción artística? ¿Atraviesa las producciones más allá de lenguajes, formas o soportes? ¿Se manifiestan siempre en ciertos arquetipos o lugares comunes? ¿O es que estos están pero a pesar de ello hay diversidad? ¿Tienen más relevancia las formas ahora mismo o la poesía panfletaria vuelve a tener cierta efectividad? ¿Si lo escribe una mujer es necesariamente feminista? ¿O puede ser feminista aunque no lo escriba una mujer? Son algunos de los interrogantes que circulan y sobre los que va fluyendo el debate.

 

La conversación es rica y transversal a muchos aspectos. Sin embargo queda chica. Queda chica porque podría dedicársele una semana entera y ni aun así alcanzaría, esencialmente creo yo, porque se trata de un proceso totalmente abierto. La ola está en marcha, de eso no hay dudas, y viene creciendo: el primer Ni Una Menos fue inmenso, se replicó por doquier, la marea verde este año se vino imparable, aunque los sectores conservadores quieran hacernos creer lo contrario, sin contar todo lo que pasó en el medio y seguirá pasando. “La ola casi que nos llevó puestas” dice Iannamico. No sé si sea posible saber qué forma tomará esto a la larga, como seguirá (decir que terminará no me atrevería), pero algo es claro, Charlie no surfea, pero les pibis sí.

Raudo y veloz cargo la sube y en la parada me encuentro con Lena, nuevamente vía 502 derecho al Centro Cultural Histórico de la UNS, donde sucederá el último tramo del día.

 

Al llegar nuevamente la agitación general, los stands editoriales ya están armando y las primeras personas en llegar ya recorren las ferias, ya hay poetas en la casa y Luis Marecos que viene documentando todo el festival vía video ya emplazó su cámara y micro en un lugar estratégico. Desensillo sin demora y me preparo para tomar por un momento el rol de presentador durante la primera tanda de lecturas.

 

 

Los asientos están ocupados casi en su totalidad a esta altura, y la gente espera ansiosa. Alfredo Holzman, Lena Díaz Pérez y Sofía Merlino abren la jornada, seguidos ahí nomás por Valeria Mussio, Ana Wandzik, Carlos Battilana y Roberta Iannamico, breve intervalo de jazz suave mediante. El tiempo es el justo, nada se sucede a los tropezones, la organización impecable. Esta crew sabe lo que está haciendo. Siguen las duplas: Ana Miravalles – Jeymer Gamboa y Fernanda Mugica – Dani Umpi. Las mesas se suceden entre aplausos, el aire está cargado y vibrante de electricidad a esta altura. Será nuevamente la mezcla de estilos entre poetas más maduros y de las nuevas generaciones, poemas cantados, poesía millenial, combo explosivo que remata Rocío Cerón de pie frente a la audiencia con una lectura performática alucinante.

Luego quedamos a oscuras por un momento: Ernesto Cardenal fue invitado al festival, pero por motivos de salud le fue imposible viajar. Sin embargo, lo tenemos ahí, proyectado, en una videolectura de su más reciente poema editado como libro: “Así en la tierra como en el cielo”. A pesar de la distancia, se puede sentir al poeta nicaragüense.

Finalmente, tras una elocuente presentación a cargo de Omar Chauvié que da cuenta de su recorrido como poeta, sus vicisitudes, es el turno de la Elvira.

¿Qué decir? Creo que todo el mundo necesita escucharla de cerca alguna vez, y al mismo tiempo nadie está preparado para eso. La poeta comparte varios poemas de distintos libros, mayormente de “Zona de desvíos”, antología a cargo de LUX que acaba de ser introducida por Omar en el marco del festival. Sin embargo, una vez que dejé el centro histórico, caminando por avenida Alem, no podía terminar de significar la sensación que me sobrevino luego de los últimos versos leídos:

“Los niños corren en busca del Tesoro Escondido

de su Pasado.

 

¿Los detendremos?

 

Los arrojaron al mar

Y no cayeron al mar

Cayeron sobre nosotros.”

 

La piel se me eriza en ese moment

sus textos, y eso es sólo el comienzo.

 

o, miro a los costados y el resto está igual. La mirada de haber sido aturdido por un trueno sutil y poderoso. Como dije, es inmensa, no hay otra forma de decirlo. Si alguien sabe, por favor le ruego que me lo diga.

 

Seis de octubre: “…nous sommes el sonido de la guerra/ nous sommes el sonido del metal…” (Kako y Emilia Bianco – Pum Poesía).

 

Y al tercer día este muchacho finalmente se tumbó y descansó, mientras sucedía la ya clásica visita de poetas locales y foráneos a los museos de Ingeniero White, que incluye no solo recorridos por estos lugares históricos, también talleres con la comunidad en Ferrowhite (este año a cargo de Ana Wandzik) y una rica comida de la mano de la gente del Museo del Puerto y sus vecinos, convidada con lecturas y canciones. Bien me hubiera gustado asistir, mis amigues poetas no podían terminar de contarme el espíritu que se vivió. Pero bien necesitaba ya recargar energías para las lecturas de trasnoche en el centro cultural Pez Dorado. La noche quedó bárbara, las ferias copan el patio de atrás y en la sala hay instrumentos armados. Sí, dije bien.

Abren Kako y Emilia Bianco, como “Pum-poesía”, experiencia que se comenzara a gestar hace unos meses a partir del mundial de poesía que tuviera lugar en julio, donde estos compatriotas artistas puntaltecas pusieran en diálogo la poesía y la música. Así arranca la cosa, con el sonido del interface y el pad como tanques desfilando una mañana neblinosa por la calle principal de Punta Alta en un aniversario cualquiera de la ciudad, y los versos que encabezan esta entrada sobrevolando nuestras cabezas como proyectiles de mortero que descargan sin cuartel. No estamos asistiendo a una lectura, no estamos asistiendo a un recital, esto es Pum-poesía directo desde Pum-Pumtalta, y nos deja una enorme necesidad de más.

Lo que le sigue es genial y vertiginoso. Es la lectura maratónica de las y los poetas invitados que viajaron a la ciudad. Sucesivamente presentados por Matías Matarazzo, van al frente Marcela Batista, Ale Paiva, Jeymer Gamboa, Anelise Freitas, Lucía Bianco que lee un texto de Marina Mariasch en su nombre (dado que por desgracia tuvo que adelantar su partida por causas de fuerza mayor), Rocío Cerón, Flavia Garione, Fernanda Mugica y Fernanda Vivacqua; suben a la tarima, leen, declaman, juegan con sus estilos y les tiramos gritos y aplausos desde la tribuna.

La noche da paso suave a las Costureras: Roberta Iannamico en las seis cuerdas y Celeste Juliana en la flauta traversa comparten su repertorio propio que no deja de darme una sensación extraña y amena, como una mezcla de folk y cierto orientalismo que asumo no saber de dónde sale. Sin embargo no faltó un cierre a toda cumbia con una versión de la Santa Gilda que incluyó a Dani Umpi acompañando en las voces.

 

Siete de octubre: “Como en un sueño (…) Zurita me dijo que iba a amainar porque en lo más profundo de la noche había visto una estrella.” (Raúl Zurita – Anteparaíso).

 

El último día siempre resulta el más calmo. Amanece soleado y denso de humedad, lo que promete lluvias dentro de poco, pero este temporal que nos compete ya se desplaza. Llego a Factor C y me pongo a conversar con poetas y editores, que incansables arman la feria mientras tanto. Porque el acto de editar y salir a difundir y llevar los títulos a donde se pueda es no sólo necesario incluso hoy, sino hasta militante, parafraseando a Diego Rosake. Así, entre mates y alguna que otra cerveza arrancan las presentaciones.

No voy a hacer valoraciones ni voy a ahondar en los talentos que desfilan frente a nosotros a lo largo del día. Los invitados que quedan en la ciudad leen presentando la antología del festival “Corderos en la espuma”. Algunos se trajeron ya el equipaje armado. Luego una a uno distintos poetas presentan sus recientes ediciones: Carlos Battilana con “Una mañana boreal”, Nicolás Guglielmetti apronta “Cruzar el desierto”, Sofía de la Vega y “Blancas y Plateadas”, Fernanda Mugica se trae “Un billete de mil australes encontrado en un libro de Carl Sagan” y culmina Gastón Vázquez con “Parresía”. Confieso que no pude hacerme con un ejemplar de ninguno aún, aunque tengo mis recomendaciones, que no voy a revelar ahora mismo.

Caída la noche, supondría que por fin voy a dar un respiro largo y tendido, pero todavía queda un breve pero intenso tramo por delante antes de llegar a puerto.

 

Ocho de octubre: Capitán de mi naufragio.

Esto es casi una posdata. Este día tengo el honor, junto con amigas y amigos poetas y músicos, de acompañar a Elvira Hernández a los estudios de Radio Universidad. Gracias a su predisposición y a la mano que  nos da la organización, es entrevistada en “Sobrehumanos”, el programa que mantiene el Departamento de Humanidades de la Universidad Nacional del Sur.

Las conductoras, Camila Zambrano y Pilmaiquén Villanueva nos reciben calurosamente, y entrevistan a la Elvira durante el programa, con preguntas también de Valeria Mussio. Elvira nos habla de la riqueza de autores que encuentra en Argentina, de la práctica poética, de la lucha de estudiantes allá en Chile  y las pibas, allá, acá, y en la china, por así decirlo. El efecto es el mismo que aquel jueves en el museo que parece tan distante ya. El efecto será el mismo cuando un rato después nos encontremos conversando con ella sobre estos temas y otros en la charla taller que tiene lugar en Humanidades a continuación.  Se le suman su experiencia de escritura de “La Bandera de Chile” atravesada por la brutal experiencia de la dictadura y el futuro que ve en las nuevas generaciones. No puedo evitar parafrasear algo que me queda sonando: “…uno ve como están las cosas en la tierra y piensa que esto no tiene ni pies ni cabeza. Y después ve a estos chicos, como ustedes, y se da cuenta que sí. Que los tiene…”

Escuchas hablar a la Elvira y no te entra por los oídos, te entra por otro lado, no sé, por el pecho, porque si tenés corazón te mueve algo. Escuchas hablar a la Elvira y escuchas la memoria, escuchas los mares y las cordilleras de Chile en su inmensidad. Si nos miraban a los ojos a cualquiera de nosotros, podrían decir que estábamos a punto de largarnos a llorar. Es eso, repito, inmensa.

Yo no sé bien ya a esta altura qué impresión les dejo del festival, espero haberles transmitido al menos una parte de lo que fue para mí, o lo que pienso fue para algunos compañeros míos.

Año a año es una experiencia digna de vivir y atestiguar, al menos en la medida que se pueda.

Yo remonté a mi manera y desde mi lugar esta tormenta perfecta, y ahora sólo quiero tirarme entre estos restos que me quedaron y dormirme una merecida siesta.

fotos Renzo Luna Chima

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1 comentario en “LA TORMENTA PERFECTA (una crónica del 8º Festival de Poesía Latinoamericana Bahía Blanca) 2º parte

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