Escenas del (segundo día del) Segundo Festival de Narrativa de Bahía Blanca

(por Natalia Fiore)

 

El sentido de reconstruir cuatro escenas del “Segundo Festival de Narrativa (del Ajuste)”  realizado en Bahía Blanca, en el mes de noviembre, por la editorial Hemisferio Derecho, el proyecto Nexo. Artes y Culturas y “La Masmédula Libros”, se vincula con la posibilidad de pensar al Festival como un espacio de socialización de la literatura en el que se puede intervenir de modos muy diversos: una es poniendo en escena a los escritores y a sus lectores, para que algo de la escritura narrativa actual resuene y actúe sobre nuestros cuerpos conscientes y deseantes.

 

Escena 1

El escritor Mariano Granizo y Fabián Wirscke inauguraron la primera mesa del Festival para dialogar sobre el libro Días de Gracia.  Fabián con su lectura nos sumergió en ese momento, de manera natural, en un modo de socializar la literatura que se destacó por la precisión y la exhaustividad para leer y pensar los textos literarios. Uno de los interrogantes más intensos de su lectura fue cuando interpeló al público preguntando: “¿Qué hay debajo de las capas civilizatorias que nos hicieron humanos?”.

A partir de allí la conversación continuó con una indagación acerca del tono posapocalíptico de algunos de los relatos del libro, que nos permitió acceder de a poco a las estrategias, operaciones, obsesiones y decisiones de Mariano Granizo como narrador en su último libro publicado por 17 grises.

 

Escena 2

Carolina Rack es poeta y narradora. La conocí en un recital de poesía hace dos años y en el Festival me senté en la mesa para entrevistarla. Ya habíamos intercambiado algunas ideas, a través de las redes sociales, acerca de su producción y, además, había investigado, en revistas y diarios digitales, sobre la recepción de su libro de cuentos Las fórmulas (Ediciones Overol) y sobre su poema narrativo Upé y Epú. Epupeya en once cantos y un encanto. También, habíamos acordado que antes de la entrevista la narradora oral, Camila Villar, interpretara el cuento “Dai” y, Carolina manifestó su entusiasmo y expresó que a ese cuento “siempre lo pensó narrado” y que lo mejor que le puede pasar a un libro es que circule de la mano de narradores/as orales.

Por eso, la mesa funcionó en tres momentos: la exquisita narración oral que realizó Camila con la voz, con el cuerpo, con la mirada y con los ademanes precisos de las manos aferradas a un rosario, como objeto imprescindible que condensó la interpretación escénica de todo el cuento; luego, la conversación sobre los libros de Carolina y, por último, una lectura especialísima de los dos últimos cantos de su “Epupeya”, ya que Carolina es una poeta que no solo escribe sus textos con delicada conciencia del ritmo y la sonoridad sino que, a su vez, tal como lo hizo en el Festival, convierte la experiencia de escuchar sus versos en un verdadero encantamiento.

Escena 3

Sonia Budassi nació en Bahía Blanca y viajó desde Buenos Aires como invitada del Festival. Entre el público estaba presente su mamá y su hijo, así que había un desafío mayor para Claudio Dobal, que fue el responsable de presentarla y de socializar su libro Apache. En busca de Carlos Tevez, y de establecer vinculaciones con otras producciones de su extensa y significativa carrera como escritora y periodista. Y, lo pienso ahora en términos de desafío, porque pienso el Festival como uno de los tantos modos posibles de construir espacios para socializar la literatura, más específicamente, para socializar la narrativa reciente, actual.

Así fue como Sonia y Claudio, intuitivamente, reconocieron que no estaban ahí únicamente para hablarles a lectores que habitan cotidianamente el discurso literario, es decir, a aquellos que pueden interesarse profundamente por el modo en que se puede asociar la escritura de Sonia con la noficcion norteamericana de los años sesenta (tema que abordaron ambos en la mesa), sino que el Festival era la invitación para socializar la literatura de una forma especialmente amplia, horizontal y con el afán de construir un nosotros inclusivo para pensar los textos y los modos de producirlos .Por eso, el tono fue de complicidad al punto, que la lectura de un fragmento del libro la planificaron a dúo, leyendo Sonia  la voz narrativa, “actuando” Claudio la voz de Carlos Tévez.

Para pensar otra vez, cómo situaron la conversación en términos horizontales y de responsable compromiso con quienes estábamos ahí, pienso en ese momento de silencio en el que Claudio le preguntó sobre una crónica que escribió Sonia en la revista Anfibia acerca del femicidio de Micaela Ortega. Una crónica que para los bahienses significó no solo oír la voz de quien decide hacerse cargo de socializar la verdad sobre los hechos, sino también que le permitió a muchos bahienses reconocer, en las mentiras y difamaciones que circularon en los medios locales y las redes sociales, la violencia machista del discurso mediático de los poderes hegemónicos en Bahía Blanca.

 

Escena 4

Luis Sagasti es docente de historia y escritor. La conversación con Diego Rosake fue una deriva, una improvisación que nos llevó a conocer los materiales de su ensayo Perdidos en el espacio, que nació a partir de su experiencia como docente de historia en el secundario. Un ensayo político que analiza el relato de la conformación del Estado nacional mostrando su construcción inspirada en la cosmogonía bíblica y que está llena de detalles que, en la voz del profesor, asume características épicas.

Otra de las derivas lo llevó a Luis a contarnos acerca de su fascinación sobre la olvidada enciclopedia Lo sé todo, una serie de volúmenes que se destacan fundamentalmente por la capacidad de incluir entradas acerca de “casi” todo, acompañadas por ilustraciones elocuentes sobre los más diversos temas que conforman la publicación. Esa fascinación lo llevó a Luis a escribir de chico sus propios “Lo sé todo”. Fue ese breve relato el que le dio pie a Diego para  preguntarle si algo de ese modo enciclopédico funcionó como procedimiento de composición literario en sus libros. El interrogante quedó abierto en la mesa y es una invitación a sumergirnos y atravesar la lectura completa de la obra de Sagasti.

 

Fin de escena

El Segundo Festival de Narrativa se extendió más allá de la última mesa, en una cena en la que se amasó la  experiencia vivida. Eso fue el Festival: una experiencia renovada de socializar la literatura, que implicó aproximarse con el oído a ciertas lecturas críticas, que nos atravesó con una narración oral, que nos  adentró en la intimidad productiva de una entrevista, que nos incluyó  en los avatares de una clase de secundario, que habilitó la  reflexión sobre el discurso literario y sus efectos políticos y, sobretodo, que nos invitó a conocer a los escritores en el encuentro con sus lectores.

En tiempos de ajuste y crisis organizada, estas formas de socialización se convierten en vías posibles de acceso a la literatura que convierten al Festival en un espacio donde se ejerce y se practica el derecho a la cultura como un bien irrenunciable.

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