“Fuera de la gravedad” de Luis Chaves (Inédito)

 

#65 CIUDADELA ZAPOTE

De niño
me dormía arrullado
por la única
máquina de escribir
del barrio:
la Singer 3115.

 

*

 

MIENTRAS TANTO, PRÁCTICAMENTE OLVIDADO

EN EL FONDO DEL PATIO, CRECÍA EL ROMERO

SEMBRADO EN UNA LATA GRANDE DE AVENA QUAKER

 

Ya casi sonaba la campana
del colegio al que todavía no
asistíamos, faltaban los divorcios,
la crisis del petróleo
y King Kong en la marquesina
del cine Caribe.
Algo sin nombre, algo que no
pronunciábamos ni adquiría forma
alguna en la mente o pensamiento.
Pero estaba ahí
y tirados al lado del tronco del cas
es como si la escritura de la fila
de hormigas cambiara de dirección
o llegara de pronto un banderazo
de romero o de ruda
o desenterráramos por azar un
soldado o pieza de lego
que creíamos perdida.
Así sucedía, ya casi se activaba el timbre
ajeno que para nosotros marcaba
una clausura o desenlace o tal vez un relevo
al que miraríamos alejarse
hacia donde no nos correspondía llegar.
Eso sentíamos apenas
antes de la campana inminente
y algo entendían los animales
porque salían de la casa y entraban
al patio, con el hocico bajo el perro
y un rodeo milenario la gata,
para acompañarnos, para estar cerca
de aquello sin nombre ni entonces
ni ahora, aquello que nos envolvía justo
antes del timbre del colegio vecino,
eso que nos cubría y/o nos atravesaba
cuando estaba por sobrevenir.
Todo esto sucedía cada tarde
más o menos de los
cinco a los siete años,
la abuela, adentro, doblada sobre

el mueble de la Singer como
una bióloga sobre el microscopio,
los ciempiés y otros bichos en la humedad
oscura debajo de las macetas

y, forzando el centro de gravedad,

los colegiales apuraban
mentalmente la cuenta regresiva.
Todo esto pasaba cada tarde
exactamente así pero en primera
persona del singular.

 

 

*

 

ZONAS

 

El movimiento de un tren

a Puntarenas

hundido en el regazo

de una mujer.

 

Techos con pájaros distribuidos

en las antenas de televisión.

 

Postales

de cuando los perros

enterraban huesos

en los límites de una edad.

 

Todo empieza

a convertirse en traducción

o en idioma extranjero.

 

 

###

 

Luis Chaves (San José, Costa Rica, 1969) Ha publicado poesía, narrativa y crónica.  Su obra ha sido traducida a varios idiomas y ha recibido reconocimientos internacionales y en su país el Premio Nacional de Poesía de 2012.

La Akademie Schloss Solitude de Stuttgart le otorgó la beca Jean Jacques Rousseau del 2011. Fue residente del Programa de Artistas en Berlín en 2015 y del Institutd’ Études Avancées de Nantes en 2107.

Sus obras más recientes son la novela Salvapantallas (Seix Barral, 2015), el volumen que reúne toda su poesía hasta el 2016 Falso documental (Seix Barral, 2016) y la crónica/novela Vamos a tocar el agua  (Los tres editores, 2017).

Es docente en la Universidad Veritas, también trabaja como traductor y es coordinador talleres de escritura desde 2006.

 

PH: Esteban Chinchilla

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