“50 Estados. 13 Poetas Contemporáneos de Estados Unidos” de Ezequiel Zaidenwerg (BajoLaLuna)

 

Chris Talbott (Philadelphia, PA, 1978)

 

 

 

The Only Child

 

I see him splash in the pool

Of his childhood, struggling not to sink,

A pair of floaters on his skinny

Arms –– on vacation with his mother,

I see his thick glasses, watch

Him devouring a book

In bed, while outside the sun shines &

The other children play in the yard ––

I can picture him locked in

His room, safe from the wrath

Of his young stepmother –– or at school,

Sucking in his belly in a futile

Attempt to tie his shoes––

I see him reeling in the kitchen

As, somewhere, a plane taxis

To the runway, moments from taking

Off with his father forever– I see him

Tremble by the river, learning

Precociously, in the middle of a chilly night,

A new gymnastics from another

Body –– I find him again, sitting on wet

Grass in the dull haze of drugs, drunk

& chain-smoking, chattering incessantly

With a lone friend –– I catch him

Tormented by sex, alone before

Love & its atavism, lucid in

The naïveté he doesn’t know he has–

I watch how his muscles open, how

His height flowers upward– how, while

He grows shadowed with the desire

Of others, he is burned, as by a silent ray,

By his own — in college, I see

Him with his hand raised, ready

With an inconvenient question–

I watch him transform soon after

Into a serial boyfriend, the most likely

Husband — I find him, eyes open,

In the conjugal night, gazing at the splinters

Of light that sift through the half-closed

Blinds and float across the ceiling–

I see him suspended in the air

In his assigned seat, unable

To sleep, sick to his stomach

Before the decision he’s about to make, a plastic

Cup in hand — I discover him

Alone again, lost in the music,

Teeth coated with cement, trying

To learn how to live from flash

To singular blinding flash–

I observe how he floats amid

Fragility, gently, on his back– I watch him

Shut in himself, peeking over

The edge of his own youth.

 

 

 

 

El hijo único

 

Lo veo chapotear en la pileta

de la infancia, luchando por no hundirse

con flotadores en los brazos flacos–

de vacaciones con su madre, miro

cómo lee de un tirón una novela

en la cama, con sus anteojos gruesos,

mientras afuera brilla el sol & todos

los demás chicos juegan en el patio–

podría imaginármelo recluido

en su cuarto, escapando de la furia

de la madrastra joven– o en la escuela,

comprimiendo la panza en un intento

frustrado por atarse los cordones —

lo contemplo aturdido en la cocina

mientras, en algún lado, carretea

el avión que está a punto de llevarse

para siempre a su padre — lo descubro

precoz, temblando junto al río, mientras

aprende en medio de la noche helada

una gimnasia nueva en otro cuerpo–

vuelvo a encontrarlo sobre el pasto húmedo,

bajo la bruma blanda de las drogas,

borracho, parloteando sin parar,

fumando un cigarrillo tras de otro

con un único amigo — lo sorprendo

atormentado por el sexo, a solas

frente al amor & su atavismo, lúcido

en ser ingenuo sin saberlo — miro

cómo se abren sus músculos & crece

la flor de su estatura — cómo, mientras

se va cubriendo de deseo ajeno,

lo quema como un rayo silencioso

el suyo propio — en la universidad,

lo veo con la mano levantada

hacer una pregunta inconveniente–

lo miro convertirse, en poco tiempo,

en un novio serial, en el marido

más probable– lo encuentro con los ojos

abiertos, en la noche conyugal,

mirando las esquirlas de la luz

que pasan a través de la persiana

entrecerrada & flotan por el techo;

lo veo suspendido por el aire

en su asiento asignado, sin poder

dormir, con el estómago revuelto

por su futura decisión, & un vaso

de plástico en la mano — lo descubro

solo otra vez, perdido entre la música,

con los dientes cubiertos de cemento,

intentando aprender cómo se vive

de un fogonazo cegador a otro–

observo cómo flota entre lo frágil,

de espaldas, mansamente– lo contemplo

recluïdo en sí mismo, encaramado

al borde de su propia juventud.

 

#

Caitlin Makhlouf (Los Ángeles, California, 1982)

 

 

You Left

 

You left to skate across the scabs. You left to hike around the bush. To postpone. You left to repopulate Kentucky with rabbits. You left to reconsider, to recalculate, to mask the S&M in “activism.” You left to clear your mind, to bust your ass 24/7. You left to reassess. To ascertain the concept of the “commune.” On the transnational highway of white privilege, you left to steer your social drive in a rental car –Thelma & Louise

 

May Alcott. “No phone reception,” “in the middle of nowhere” – with your sporadic texts in neo-Braille, you left to mince your words like meat. You left to be who you are. You left to be yourself. Who you should be, if you had been who you thought you were, or thought you could be. You left to deftly pack up everything in boxes, suitcases. To trick your stomach full. You left with your bags of tricks and your organic smoke bombs. You left to find your forest fire. Toward your national park. Into your rangers’ arms.

 

 

 

 

 

 

Te fuiste

 

Te fuiste a patinar sobre las costras de la herida. Te fuiste a caminar. A dar rodeos. Posponer. Te fuiste a repoblar Kentucky de conejos. Te fuiste a reevaluar, rizar el rizo. A enmascarar las letras S & M de “activismo”. Te fuiste a despejar, a deslomarte 24/7. Te fuiste a digerir. A dirimir la idea de “comuna”. En la autopista transnacional del privilegio blanco, te fuiste a manejar tu afán social en un auto alquilado –Thelma & Louise

 

May Alcott. “Sin señal en el teléfono”, “en mitad de la nada”, por mensajes en neo-Braille erráticos, te fuiste  a sopesar, como quien pesa carne, tus palabras. Te fuiste a ser quien sos. Quien deberías ser, si hubieras sido quien pensaste que eras o podías ser. Te fuiste a embalar con eficiencia todo en valijas, cajas. A engañar el estómago. Te fuiste con tus bolsas de trucos y tus bombas de humo orgánicas. Te fuiste hacia tu incendio forestal. Hacia tu parque nacional. Te fuiste hacia los brazos de tus guardabosques.

#

 

Amy Benoit (Montréal, Canadá, 1983)

 

 

 

rush hour

 

to get on the subway

this morning, i had to elbow

my way through a wall of people

once inside the train car, crushed

and gasping, i saw a stray dog

taking up a whole seat

in the back, oblivious

to himself and everything else, placidly

inflating and deflating his lungs

i think we must be

a little like him: thrown out into

the world, we wander

aimlessly, and in our

forgetting of ourselves, we’re sheltered

for no apparent reason,

we’re given love, allowed to sleep, and everyone

else belongs to another species.

 

 

 

 

 

hora pico

 

para subirme al subte

esta mañana, tuve que atravesar

a los codazos una pared de gente

una vez dentro del vagón, asfixiada

y comprimida, vi que, ocupando

una butaca entera del fondo,

había un perro de la calle que dormía olvidado

de sí mismo y todo lo demás, plácidamente

inflando y desinflando los pulmones.

nosotros somos, me parece a mí, un poco

como él: nos abandonan

al mundo, deambulamos

sin propósito, y en ese

olvido de nosotros mismos, sin razón

aparente nos cobijan, nos dan

amor, nos dejan que durmamos, y todos

los demás son de otra especie

 

#

 

 

LeRoy S. Davis (St. Louis, Missouri, 1987)

 

 

Impermanence Cowboys

 

We were impermanence cowboys,

faster than our own shadows

—now you see me, now you don’t.

 

We were each other’s horse:

every kiss was a cactus full of water,

a gun concealed inside a hollow Bible.

 

We were loose cannon monks

—now you see me, now

you don’t.

 

 

 

 

 

Cowboys de la impermanencia

 

Éramos cowboys de la impermanencia,

más rápidos que nuestra propia sombra:

ahora me ves, ahora no me ves.

 

Éramos el caballo de los dos:

cada beso era un cactus lleno de agua,

un arma oculta en una biblia hueca.

 

Éramos monjes del gatillo fácil:

ahora me ves, ahora

no me ves.

 

 

###

 

 

 

Ezequiel Zaidenwerg nació en Buenos Aires el 25 de marzo de 1981. Publicó los libros de poemas Doxa (Vox, 2007); La lírica está muerta (Vox, 2011; Cástor y Pólux, 2017; Lyric Poetry Is Dead, trad. Robin Myers, Cardboard House Press, 2018); Sinsentidos comunes, ilustrado por Raquel Cané (Bajo la luna, 2015); Bichos: Sonetos y comentarios, en colaboración con Mirta Rosenberg e ilustrado por Valentina Rebasa y Miguel Balaguer (Bajo la luna, 2017); y 50 estados: 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos (Bajo la luna, 2018).

Tradujo a Mark Strand, Ben Lerner, Anne Carson, Weldon Kees, Robin Myers, Joseph Brodsky, Mary Ruefle, Denise Levertov y Kay Ryan, entre otras y otros. Compiló y prologó la muestra de poesía argentina Penúltimos (UNAM, 2014). Desde 2005, administra el sitio zaidenwerg.com, dedicado a la traducción de poesía.

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