“María Celia” de Fernanda Vivacqua (Macondo Ediciones)

 Traducción de Anelise Freitas

 

era 1997

una inundación nos escurrió

por los dedos entrelazados

del limo de aquel año

de aquel año de silencio

de los vidrios astillados y de las mañanas

las mañanas de 1997

si aún oyeras

lo que gritan aquellas mañanas

el agua ascendía por las escaleras

nosotros en ronda

dedos entrelazados acitrón de un fandango

era 1997

el agua avanzaba

pero nuestro silencio

ensordecedor

nuestro silencio era más grande

que el agua que 97

vos con los dedos

ahora bien flojos, ahora bien estrechos

y yo con mis uñas cortas

queriendo clavar en la piel

lo que no sentís lo que

no te golpeas

con el agua que llega a las rodillas

nuestros pies bailaron sumergidos

arriba de la escalera jugamos de dioses

yo Yemanjá, aún sin saber

era 1997 no 79

cuando vos aún no podrías saber

que lástima de dios sería

de las inundaciones y de los silencios

de las astillas y del lodo

de todo aquello que lleva el agua

en su balancín

que va y viene

sube escaleras lava todo

lava un año

sin conservar nada

 

no te encontré en el mar

vos sos de casa

y yo allá te dejé

 

vos te recordás?

 

*

 

ahora allá del lado de afuera

de la ventana de la cocina ellos

tocan el piso de seda mientras

aquí pisamos seguimos

pisando en tenazas abiertas

tenazas abiertas en el piso de vidrios

en el de seda ellos afuera de la ventana

tocan el blanco transparente

y yo no sé el color

pero nuestro pies sobre

tenazas abiertas en el piso

de vidrio marchan o marcharían

si supieran mientras pisan

pero ellos tocan de ojos

bien abiertos mientras nosotros

disfrutamos el paseo

el paseo sobre tenazas abiertas

 

un día me dijo

mi amigo sobre las cosas

prosaicas y una nueva palabra

yo quería preparar

un café mientras mis dedos

señalaban para la ventana y yo

el amigo mío y la nueva

palabra esperábamos el café

mientras todos los dedos

de aquellos que tocan eran

como hilos en ovillo

y nuestros pies aún hoy

desangran debajo de la mesa

 

*

 

Casandra me trae un vestido

azul por la mañana y charlamos

ella dice que ahora están dando

machetazos en la esquina

en la esquina de mi casa

y me trae un vestido azul a veces

amarillo incluso rosado pero

nunca me trae en rojo

los machetazos en la esquina serian inocuos

y ella dice que lo bueno seria

si me vistiera de blanco

me gusta Casandra pero ella

no comprende y le digo todos los días

yo uso vaqueros y mi casa

está ubicada en el centro sin esquinas

y no creo en machetazos

en época de fusiles, asimismo

Casandra invade mi habitación con

sus tutús encajes y nácar

ella me dice que es necesario adornarse

salir en el periódico besar la mano de mi madre

creo que Casandra no me escucha

creo que Casandra no mira

hacia los lados

yo no leo periódicos mi madre está fuera

hoy no quiero salir

hoy es domingo y no

quiero salir, Casandra

nosotras nunca peleamos asimismo

nos miramos con desconfianza

sentamos en la cama dura y

miramos hacia el espejo sin

reflejo hasta el día en el

que Casandra no vino y el

espejo estaba limpio con solamente

un vestido sobre la cama

y él era así

rojo hasta la cintura y negro

hasta los pies era domingo

donde bajo el mango había solo

una instrucción

entonces me desnudé y me lavé las manos

me vestí apresurada y salí

a la puerta donde allá afuera

Casandra avisa gritando

de nada valen esas torres y así que ahora

ahora puedo oír el filo cortar

la carne

 

*

 

desde el puesto de atrás es silencioso

estática en el puente río-niteroi

el transito inmerso

denso y pesado del tráfico

honda y honda

la guanábara

apesta y vos tampoco sentís

desde el puesto de atrás

cae el tiempo

una pequeña pared amarilla

y aquella casa de muñecas

donde nada cambia o envejece

solo los moviles

que van

y vienen

como los coches después del tráfico

desaguan en rio-niteroi

después del tráfico

gritás

 

*

 

mi caballo va ahora más allá y corre más allá de la valla

yo escucho sus pezuñas golpeando la tierra mojada y levantar

lo que yo dejé hacia atrás de la cancela

hacia atrás no es donde mi caballo es salvaje y juega con los sonidos

como una sinfonía un poco triste pero no melancólica

es que mi caballo va ahora más allá con sus pezuñas y recuerdo

de la cancela del lugar de donde vine y me quedo

como una sinfonía de pequeños barullos no ordenados

un poco triste pero salvaje como mi caballo como

los días detrás de la cancela y el mundo más allá fuera

donde ahora mi caballo corre y yo descanso del mundo

donde no hay melancolía solo un poco de tristeza pero

administramos nuestro barullo trotamos ritmados

no abrimos la cancela y esperamos el olor de la lluvia para

mojar nuestros cuerpos ahora en combustión

mi caballo de sangre caliente

 

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Fernanda Vivacqua nació, en 1992, en Río de Janeiro, y desde niña vive en Juiz de Fora (Minas Gerais), donde ahora concluye su maestría en Estudios literarios y da clases de Lengua Portuguesa. En 2018, publicó la segunda edición de su primero libro, María Celia (Ed. Macondo), y presentó su libreto “Para os homens que não amam as mulheres” (Capiranhas do Parahybuna). En el mismo año, además de las redes afectivas y poéticas creadas en su geografía, fue invitada al 8º Festival de Poesía Latinoamericana de Bahía Blanca.

 

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