Una excursión a la poesía de Raúl Mansilla (inéditos)

El poeta y la Langosta

 

Sentado al lado del poeta

bajé los ojos y vi al insecto grande

una pierna desmembrada

su cuerpo de cúbito dorsal

juntaba fuerzas para incorporarse

buscando una quinta pata en su mente.

 

No le importaba nuestra mirada.

 

Le pregunté al poeta qué era,

-Una LANGOSTA me dijo –

quedó claro quien provocó la tragedia.

 

Seguramente irá a un poema, pensé,

ese será su cielo.

El poeta ya había decidió su destino,

como un pequeño Dios en su Butaca.

 

 

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HOMICIDIO SIMPLE EN CONCURSO REAL

 

 

“Ceballos, Ricardo s/homicidio simple en concurso real con lesiones leves”

 

(Expediente No. 1.888 Foja 81, Año 1995)

Los hechos objeto de imputación en la causa sometida ahora a decisión son los

siguientes: que el día nueve de julio de mil novecientos noventa y cinco, en

horas de la madrugada, en el Paraje Las Cortaderas, en el Departamento de

Catan Lil, donde se realizaba un baile en la Sala Comunitaria, Ricardo Ceballos

extrae un cuchillo que portaba en la cintura e infiere a Julio César Cayupán,

que bebía en el mostrador, una lesión de arma blanca que compromete el

pulmón derecho, lóbulo medio y ventrículo derecho, provocando una

hemorragia masiva y su fallecimiento. Posteriormente, al acercarse el padre de

la víctima, Arsenio Cayupán, el imputado también le infiere una herida en el

pecho con el cuchillo, ocasionándole una lesión de carácter leve.

 

 

 

La jurisprudencia tiene una audacia creativa que no valoran los poetas.

La simpleza del homicidio y la realeza del acto concursando

en pie de igualdad con las lesiones leves, nos dan solo un botón que muestra que los

vates no están a la altura de las escurridizas circunstancias.

 

Baile, horas de la madrugada, hombre con cuchillo; cóctel explosivo.

Un cuchillo es inofensivo hasta que se transforma en arma blanca.

Provocando esa muerte negra, in extremis.

 

Negra, pero simple, porque las muertes son simples, aún en el Paraje Las cortaderas.

 

Qué puede haber de complejo en asestar la puñalada y comprometer algún pulmón en el

invierno del noventa y cinco?

Por eso el homicidio simple, por eso el concurso, el avenimiento real del padre de la

víctima que es como un eco, una repetición herida también, con el arma más blanca que

nunca, por eso la levedad del segundo hecho, por eso la desaparición del objeto cortante

en la muerte esquiva de Arsenio, que huyó de la muerte por la puerta de atrás del salón,

comunitario, leve.

 

 

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UNA EXCURSION A LOS INDIOS MANSILLA

 

Sentía que era un hombre de mundo y por tradición familiar veía caer cabezas en otoño.

Juraba no traicionar y traicionó, cabalgó sobre la rueda caballa, caballó, sobre el

presagio de que lo iban a matar.

Su ojo mayor fue la ventana de cortinas verdes por las que entrarían las balas que más

tarde pensaría escribir.

Pero eso todavía no pasó.

Los tiempos pasado y futuro no existían porque la frente transpiraba en la mesa de raulí,

a contra viento del oeste, desplazado a su origen, a las tolderías de Mariano Rosas, a

buscar lo que había perdido, la pluma, la lettre, el dispositivo que lo hacía différent.

 

Una excursión a los indios Mansilla

 

Lucio Ve

Bon vivant y no era Montparnasse

En el culo del mundo

iba a ser asesinado por no pagar sus drogas

de nada le valía ser el cuarto dandy

ni sentirse un hombre de mundo caballando

huyendo de las balas y las lanzas

y de su adicción de creer

que todo era una CASA.

 

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Los Pentecostales tocan tu puerta

 

Los pentecostales tocan tu puerta con prudentes vestidos, seguros hablan, seguros dicen:

porque nunca más alguien les romperá el corazón. Llegaron ahí después de un largo

viaje en que más de una vez tuvieron que comer de sus mismos rostros. Llegan con

heridas de bala, maltrechos, cicatrices en los ojos y en las muñecas.

 

Han pasado por lo peor por lo que ser negados en la puerta nada significa. Tienen un

libro en la mano y eso los absuelve y los hace poderosos. Todo en un solo libro, solo es

cuestión de abrirlo.

 

Los pentecostales tocan tu puerta, simulan estar esplendidos, espléndidas, sin cuerpo.

Vienen a morir a tu puerta.

 

Tu puerta es un cementerio de elefantes un desierto rectangular donde las palabras ya se

fueron y solo queda ropa vieja, maletines negros y papel arroz de las biblias dando

volteretas en el viento.

 

 

 

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LA NIÑA CON JARDINERO DE CUTRAL CO

 

 

La niña con jardinero mira desde la foto de los setenta, han pasado cardos rusos por ahí,

el viento amontonó cristales de anteojos rotos en las vías las monedas y las piedras

tiradas a los vagones por Blasco. Nadie podía parar el siglo pasado, nadie podía prever

lo que sucedería tiempo después en una calle de Neuquén, en una casa del alto, en el

oeste, la confesión en una fiesta, la injusticia patriarcal.

 

La niña con jardinero esquiva a los pocos transeúntes de ese entonces, sale de la mirada

fofa. Tiene la visión intensa tanto pensar en la arena, la barda, el tren a Zapala, el viento.

 

Me sale solo una silueta recortada en Cutral Co, y Blasco tirando piedras a los trenes.

Me sale Macky jugando con arcilla, Macky al costado de las vías pensando en que ella

es todas las ventanillas del tren que va a Zapala.

 

Parece mentira que te falte el aire, que no lo tengas, que te ahogues de amor en la

máscara rebelde que se escurre de tu rostro como La V que no volverá porque quizás

nunca estuvo,  y si estuvo fue solo en una guerra de dos.

 

Ojalá es una palabra árabe me dicen, es pedir por Alá, en un deseo antiguo, musulmán.

Este junio dramático no da el aire necesario para que la que fue foto hable plenamente y

diga lo que sabe del amor. Porque nosotros no sabemos nada.

 

Pero es lo que cabe ahora, la fuerza de su jota lo dice todo, está ahí la foto de la niña con

jardinero en el Cutral Có de los setenta.

 

No sé hacer poemas cortos no sé hacer poemas de amigas que se mueren, y menos se

hacer poemas de poetas que se mueren, solo queda la niña con jardinero no sabiendo

que hacer conmigo, con mi recuerdo de aquella casa donde vivíamos todos, la casa del

mundo.

 

Nuestra protección temprana, techo que abrió los primeros libros en tu cabeza y en la

mía, solo por decir una parte del cuerpo cursi, elemental.

 

Terrible, dramático clima en que me ayuda a soportar el invierno de la muerte amiga, de

la muerte de mi amiga, la muerta de la poeta, que injusticia, habiendo tantos sistemas

solares por vivir.

 

No tengo tu talento para percibir los pequeños instantes, sutiles aromas, gestos dados en

milésimas de segundo por la gente, el sistema solar femenino, no tengo capacidad para

interpretar los silencios como vos lo hacías, y ahora que te veo postrada, con ayuda

respiratoria pienso en los días felices de las grutas, en las mañanas del Simón Bolívar en

que me soportabas borracho, sin planificación de vida, desconsiderado, irresponsable.

No se medir nuestra relación. No sé qué fuimos. No sé qué soy ahora que no estás.

 

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LA MATANZA DE LONCO LUAN

 

En agosto de 1978, el trance fanático de una comunidad mapuche neuquina tiñó de

sangre al paraje Lonco Luan.

Los autores de lo que se conoce como “La Matanza de Lonco Luan” conformaban una

secta de la denominada Unión Pentecostal Argentina y -al cabo de un juicio- los doce

procesados fueron sobreseídos por considerarse que, al momento de los crímenes, se

encontraban en “éxtasis místico”. Diario Río Negro.

 

Los mataron con palos y con  libros, así sucedió en Lonco Luan, la letra entró con

sangre y mientras estaba en la mesa a punto de decirle a mi madre cosas que tenía

guardada mucho tiempo, el paraje Lonco Luan estaba ahí con ese viento y frío

permanente, con los cuerpitos tirados, el vendedor de biblias todavía gritando y yo por

tomar valor con la tercer copa de vino. Decirle a tu madre estas cosas, estará bien? Se

enfermará? Cómo lo tomarán mis hermanas?

 

La policía y la gendarmería están cerca, se ve la nube de polvo viniendo de Aluminé, ya

está lo voy a decir con todas las letras, “mamá porque me desnudaste esa tarde en

Comodoro y me corriste con varas de madera”, por  qué lo hiciste madre?

 

Tres niños y una mujer murieron por culpa del demonio que salía y entraba de los

cuerpos, objetos contundentes, piedras y la biblia dura de los pentecostales. Desnudo

corría hacia donde guarecerme cuando el lanchero me llevó al mar rojo de esta noche

donde recordé que todos morimos en vida, como esos niños golpeados por palos y

biblias en Lonco luan, como esa matanza en la cena de navidad en que también murió

mi madre por las palabras que dije, como Casimiro Maniqueo,el vendedor de biblias,

que cuando calló solo atinó a comer tortas fritas rodeado de policías y gendarmes.

 

 

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Raúl Mansilla nació en Comodoro Rivadavía y habita Neuquén desde 1982.

Es docente de enseñanza media. Desde el año 2003 pertenece al colectivo de poetas “Celebriedades”.

Publicó los siguientes libros de poesía:

 

 

1984 – “Mariaísmo” . Editado por Universidad Nacional del Comahue.

1988 –  “De la Construcción de Mitos y Otros Sucesos”. Publicado por el Fondo Nacional De las Artes y Municipalidad de Pto. Madryn.

1992- “Las Estaciones de la Sed”. Editado por Edit. ULTIMO REINO. Publicado por un Subsidio de la Fundación Antorchas.

1999- “El Héroe del Líquido”. Editado por Ediciones del Dock.

2004 – No eras un Viajero Inglés – Editado por Libros Celebrios

2004 –  Ojos Rojos – Editado por Libros Celebrios

2006 – Antología de Poesía Patagónica – Málaga – España.

2011 – Oralidad Esquizoide – Ediciones del Genpin – Neuquén

2012 – Reedición de “No eras un Viajero Inglés” – Ediciones del Genpin

2014 –  Reedición de “Ojos Rojos” – Ediciones del Genpin

2015 – Antología “La Frontera Móvil”. Antología de poesía patagónica contemporánea. Madrid. España. Compiladora Concha García.

2015- Cuatro Poetas en La Habana – Neuquén-La Habana (Cuba). Antología.

2016- El Viaje Metafísico del Héroe – Obra reunida (Celso Arancibia Compilador, Ediciones del Piche- Trelew (Chubut).

2017- Relatos Orales del Interior del Neuquén – Trelew-Neuquén- Ediciones del Piche 2017

2018- Reedición de “El Héroe del Líquido” y “Las Estaciones de la Sed”. Espacio Hudson.

 

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