MILTON LÓPEZ

(por Lena Díaz Pérez)

 

Ahora, cuando paso por la laguna de los patos pienso en el chico leyenda. Ahora me detengo en las algas negras un poco más.

Milton López me cuenta a mí, extranjera de no tan lejos, qué es Bahía Blanca y cómo a través de ella puedo sentir lo demás. Un día hicimos un intercambio y tuve al libro de tapa dorada con celeste impreso Aves en la tapa en la mano. Otro día hicimos otro intercambio de breves poemarios escritos en Word. Otro día estábamos cantando juntos un poema en una terraza adelante de un poco de gente.

No nos acercamos porque simplemente nos caímos bien; nos acercó la poesía. Milton escribe y dibuja la página, cada verso está en un lugar hecho para ese verso, el verso no busca un lugar en la página sino que la página le hace lugar a ese verso, quiere que esté ahí:

Dicen que ese perro que ladra afuera

le grita a las sombras y a los pájaros.

Ahora imaginate

que le ladra a tus sombras

y a tus pájaros.

Ahora imaginate, ahora imaginate como si antes de que te pidiera que empieces a imaginar no hubieras estado imaginando nada, recién ahora podés hacerlo y ubicar en el poema a tus sombras y a tus pájaros. Milton nos da permiso para imaginarnos eso, pero en el primer poema de Aves (libro publicado por Proyecto VOX) nos viene con que nosotros caminamos en forma vertical mientras los gusanos son seres de y para la tierra, comida de halcones, con que de los pies nos crecen raíces si nos quedamos parados mucho tiempo y de repente de la cadena alimenticia del mundo animal nos vamos a las estrellas y a las posibilidades de volar. ¿Tengo que permitirme imaginar algo recién en la página 26? Perdón, empecé antes y todavía no terminé.

La naturaleza es abundante, es protagonista. La naturaleza se adueña de todo lo que en las hojas apenas celestes del libro parece ocurrir. Pero el pasto no es sólo pasto, los 37 cerezos, el abedul y las grosellas venenosas dicen, por ejemplo, que la vista de un grupo de casas altas está proyectada hacia la sombra rosada. No son rosados los poemas de Milton aunque alguno se titule ¨Pájaros¨ y otro se titule ¨Campos de grosellas¨. Campo de grosellas, correr por el campo es, en la mejor de las imágenes que tengo de mi infancia, ser feliz e ir corriendo con dirección al medio a encontrarme con el amor de mi vida que me va a abrazar y me va a girar de manera que giren en el aire mis trenzas: estos campos están arrasados por el viento, sus árboles están torcidos y lo mejor que tienen es el cielo, cielo al que acceden los pájaros, no nosotros. No mis trenzas. Los poemas de Milton no son rosas ni rosados, las páginas son de un color celeste y más gruesas que una hoja de cualquier libro. ¿Necesitan los poemas de Milton un soporte firme y celestial? Ah, no sé. Para saberlo hay que tener Aves, leerlo y tocarlo.

La cama de alguien es el campo, no estamos con el campo, tampoco somos el campo. Soy grosella venenosa si me leo grosella, estoy desorientada como la gaviota: la naturaleza no está en armonía. En esta naturaleza no sucede la armonía, la naturaleza no acompaña ninguna armonía romántica porque las grosellas tienen veneno, porque la gaviota está en una plaza del centro buscando comida pudiendo estar en cualquier lado.

En Aves una paloma se muere y resucita para comulgar. Es Dios para los cristianos, es un ave de amor pero tiene hambre, está famélica, tiene un ojo idiota, la muerden las babosas. Esas son nuestras palomas de la suerte.

Aves es naturaleza gritando, naturaleza siendo naturaleza hoy, un poco ayer, no sabemos mañana. Aves son pájaros negros que dan abrazos. Son algas negras en el fondo, son migas de pan, nuestro pan de cada día. Es la iglesia, las casas altas, soy yo lectora necesitando un claro de sombras donde descansar.

Voy a salir un segundo de Aves, con salir me refiero a correrme, cuando leemos un libro, un poema, una línea que nos atraviesa no salimos más de ahí y como precisé al principio: no es la misma acción ya subir al bicibote. Me aparto: Milton ahora nos regala un niño ansioso por salir afuera y comerse un cascarudo. Mientras lo leo siento al cascarudo, lo quiero escupir pero no lo tengo en la boca, lo tiene el nene ansioso del verso que estoy leyendo. ¡Escupí ese cascarudo! ¡Qué salga el padre! ¡Que no sea venenoso como las grosellas! Pero no, no pasa nada. Pasa que no importa ahora ni el mar, ni lo que va a pasar mañana.

El 23 de junio Milton López va a volver a presentarnos al niño ansioso, a Maxi y Coque, a Jacinto Panzhinchada y no voy a decir más nada.

Leerlo para mi fue un viaje que disfruté mucho hacer. Me encontré con un cuidado de las formas, las distribuciones y las palabras que, para quienes gustamos de las palabras, es una caricia al ojo.

Escucharlo para mi es otro viaje que disfruto mucho hacer cada vez que tengo la oportunidad.

La voz del poeta siempre (siempre) es una manera nueva de ver la paloma, el campo, el ropero, las veredas, el sol, la muerte, el vuelo, el ala, las Aves.

 

Alquilamos el bicibote y dimos un paseo en la laguna del parque.

El fondo estaba cubierto de raíces negras.
Si te caés las plantas enredan
los pies y no podés salir más.

Ella me cuenta mientras pedaleamos
sobre el chico que se cayó una vez
y fue tragado por la laguna
sin poder alcanzar La Isla de los Patos.

Lo buscaron durante meses
sin resultados.
Su cara se imprimió
en las boletas de la luz, en policiales
detallaban pistas de la investigación.

El chico se transformó en una leyenda,
cada tanto alguien dice ver su cara blanca
hundiéndose entre las algas.

Flotando lentamente nos acercamos
a esa porción redonda de matas
rodeada de agua y en el aire, suspendidas,
las plumas de los pájaros.

 

Comparte este contenido

1 comentario en “MILTON LÓPEZ

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *