Dos Astronautas, 2 de junio del 2018, espacio Förum (una crónica)

(por Lena Diaz Perez)

¿Quién ha terminado su trabajo?
¿Quién ha concluido de cenar?
¿Quién me acompaña?
¿Quién viene conmigo?
O ¿vas a hablar cuando ya me haya ido y sea demasiado tarde?
Walt Whitman-Canto a mí mismo.

 

– I –

¿Qué hacen las personas cuando reseñan? ¿Se dejan afuera? No sé, pero yo me voy a quedar adentro. Me voy a quedar porque voy a intentar esbozar una reseña sobre la fecha del 2 de junio de Dos Astronautas en Förum y como de música ¨no sé nada¨ o ¨sé muy poco¨ voy a quedarme adentro de esta reseña transmitiendo (o intentándolo por lo menos) lo que sí sé: qué le pasa a alguien que cae en un recital de Dos Astronautas un 2 de junio del año 2018 a las 23:30 aprox.

En el hall de entrada había cuadros colgados, reparé en uno muy grande del 2005. En el 2005 yo tenía 10 años. Sólo es un dato de color. Lo que no es un dato de color, es que esa exposición ya te daba la bienvenida.

23:30 el recital estaba empezando y es el único horario que registré porque después, realmente y no porque decirlo quede bonito y dramático, la hora dejó de importar. Dos Astronautas me resultaron, desde la primera vez que los vi en la Plaza Rivadavia, una experiencia puramente sensorial. Yo, que no sé con exactitud qué pasa con el sintetizador o qué pasa con Fa menor ni si suena en algún momento Fa menor y si queda bien que sí o que no, me detengo a ver qué les pasa a mis 5 sentidos cuando por el oído entra lo que sea que esté pasando. ¿Al gusto también le pasa algo? Al gusto también.

Primero entraron 3 astronautas al escenario, después los otros 2. No sé si fue coreografiado o si a los dos últimos se le habían desatado los cordones de las zapatillas y tardaron un ratito más pero ya el show empezó, para mí, así: siendo un show. Con el primer tema el sentimiento fue: Esta es la banda sonora de mi momento. No voy a hablar de cuál era mi momento pero esa estaba siendo su banda sonora. Y ahí ya empezás a pasarla muy bien.

Ahora que hago memoria, leo las notas que me escribí y trato de situar mis sensaciones en bloques específicos (temas), todo está desordenado y eso es espectacular. ¿Por qué? Porque el tiempo realmente no existe, o por lo menos no lo determina el final de un tema y el inicio de otro. No supe más de una vez cuándo estaba siendo un inicio y cuándo un final.

Tsi fue la banda sonora de mi momento. De Tsi me interesan dos cosas: la imagen de los 5 cuerpos en el momento que percibí como explosivo y el libro al que lo asocié. Perdón, vengo un poco de ese mundo y se me interpone todo el tiempo, esta vez potenció lo que estaba pasándome. Las luces dejaron de ser azules, dejó de ser frío pero siguió siendo frío, los golpes coordinados cortaban el frío de las luces y parecía que en cualquier momento los instrumentos se iban a romper. Walt Whitman escribió un libro que se llama ¨Canto a mí mismo¨ y dice:

Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de vos,
porque lo que yo tengo lo tenés vos
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

¿Por qué los cuerpos? Todos y cada uno de los 5 astronautas durante el recital manejaron más de un nivel. El piso, el medio, arriba. Usaron el cuerpo. Todo el cuerpo. El tema de los niveles del cuerpo  se usa mucho en teatro para dar cuenta del espacio que se habita. Hablamos de nivel 1 (el suelo, abajo), nivel 2 (nivel medio, el cuerpo un poco flexionado, agachado) y nivel 3 (nivel alto, de pie, arriba). Nosotros también estábamos distribuidos así: algunos estaban en el suelo, otros estábamos de pie. En Tsi la batería fue plataforma recibidora de golpes de palillos y del cuerpo del baterista (bueno, de Luchin). Parecía que iba a terminar ahí, encima, desvanecido. No pasó. Pero la tensión de que eso iba a pasar estuvo todo lo que duró el momento de la cadencia explosiva, como la bauticé.

El de los rulos y el cable de teléfono (bueno, Chipi) no tocaba la guitarra, en el momento de la cadencia explosiva de Tsi la estaba desgarrando: LA VA A ROMPER. No pasó. Pero los dedos iban desde abajo para arriba, fuerte, y la pierna se levantaba cuando rebotaban las cuerdas (no se veía a las cuerdas rebotar, pero eso era lo que desde mi percepción estaba pasando, se iban a romper).

Durante este tema la amiga con la que fui me codeó y me dijo: ¨se me va la cabeza a otro lado¨. Y era recién el primer tema.

– II –

Reparé en una cuestión un tanto millenial: el público no usaba el celular para otra cosa que no fuera sacar fotos o filmar el recital. Yo iba escribiendo rápido y sin mirar bien cómo ponía lo que ponía en el grupo de whatsapp que tengo conmigo misma sobre lo que me iba pasando. Pensé que quizás me olvidara algunas cosas e iba a necesitar registrarlas, pero no me olvidé de ninguna sensación. Otro punto para fecha Förum.

Cuando algo nos gusta mucho, en general, buscamos la manera de apropiárnoslo: me desesperó un ratito la idea de que no me estaba pudiendo apropiar de lo que estaba pasando. Yo me quiero mucho, eso a veces es un problema, pero acá funciona perfecto: si hubiera podido ser un recital, este hubiera estado en mi podio de posibilidades. Me hubiera gustado ser ese, ser Tsi, ser el tema tropical (Macumba), el tema con el violín, el tema con Fabio y su saxo (Junio), me hubiera gustado ser, uno de estos días, aire.

El público fuimos muchos Whitmans celebrándonos por estar ahí y que Dos Astronautas estén siendo la banda sonora de nuestros momentos, me animo a hablar por (insertar aquí número de asistentes) personas. Cada átomo de nuestros cuerpos era de los 5 también. Durante el show. Después no. Sería extraño que nos dure la sensación de compartir átomos más de lo que duró el recital. Medio creepy, ¿no?

Algunas anotaciones que se dejan leer en el dicho grupo de whatsapp que tengo conmigo misma (voy a tratar de ir desarrollándolas):

1- Julia, qué hermosura de persona

Julia, sí. Julia también manejó distintos niveles con su cuerpo. Julia entró y se sentó. Cuando se paró, yo ya estaba preparada: seguro que esa también iba a ser la banda sonora de mi momento. Y si, fue hermoso.

2-Amigo me pregunta,  ¨¿Te desintegraste?¨

Me desintegré un montón durante el recital, sí. Me desintegré más de 5 veces creo yo. Y una de las veces fue a partir de un guiño entre astronautas que, quizás inventé, pero le dio 5 segundos de ternura

3-No sabés el día que tuve hoy

Había tenido un día emocionalmente terrible

4-Después del tema con el violín y Julia, pantalla: luces chiquitas que se juntan y se separan. Nunca van para el mismo lugar.

Este juego de luces fue el que más me movilizó. Fecha Förum tuvo un comodín: Agustín Colli delirándonos con la puesta lumínica. La pantalla estaba contando una historia, podía ser la misma que se contaba desde la música u otra distinta. A mí me contó una que tenía más bien un dejo de nostalgia y muchísima fuerza. Que el resto de presentes (éramos muchos) piensen 3 minutos qué historia les contaron esas luces. U otras en otro momento. El momento rojo fue otra cosa, otro mambo, otra desintegración cálida, tropical, osadita. El percusionista (bueno, Patric) nos da un repiqueteo de chirimbolos y después en todo el escenario pasan cosas, todo el tiempo, todo Macumba.

5-Entran en tubitos distintos (las luces). En esta lloré

Lloré. Esto es personal, pero me animo a decir que no fui la única persona presente en Förum el 2 de junio que lloró un poquito.

6-Tumi canta

Tumi canta y Whitman pregunta en su primera página: ¿Es inoportuna esta canción? No. Cuando la cosa está instrumental y te vienen a cantar arriba de la cosa tiene que ser muy acertado: lo fue. La voz sonaba como un eco que potenciaba absolutamente lo que estaba pasando. Ese cuerpo se paró y de ese cuerpo que había pasado gran parte del recital manejando nivel 1 salió, de nuevo, un eco. En teatro también se suele poner el ejemplo del tubo que sale de la boca del actor y tiene que llegar al público: se maneja la intensidad dependiendo de la distancia entre el primero y los segundos; acá el tubo estaba alineado con el espacio y el volumen era el que tenía ser. Cuando la voz se satura o los instrumentos se saturan y la voz no se escucha es, no dicho poéticamente, un garrón. Acá todo salió bien. Uno de estos días, dijimos, aire.

7-A Dos Astronautas hay que mirarles las manos

Hay que mirarles las manos. Hay que mirarlos un montón. A los 5 hay que mirarlos enteros, perdón. Pero hay que mirarles mucho las manos. No voy a decir por qué me parece a mí que hay que hacer stalkeo de manos, descúbranlo.

– III –

Niveles, manos, cambios de instrumentos (Calva marcó estos movimientos todo el recital), guitarra tocada con armadura tipo arco como con lo que se toca el violín: dicen que cambia el sonido. No sé. Visualmente es otra cosa, es hermoso.

Acercándonos al final: hay que verlos, hay que escucharlos. Hay que escucharlos y hay que verlos. Realmente verlos. Prestarles atención. Pobres, quizás no les guste saber que están siendo muy observados, pero bueno. Son 5 astronautas expuestos a muchos, muchos ojos y muchos oídos, muchas lenguas y muchas manos. Dos Astronautas tiene fuerza, tiene niveles, tiene cadencia explosiva, tiene momentos rojos, tiene el tupé de hacer lagrimear a la gente, tiene el tupé de hacernos mover el cuerpo más de una vez, tiene el tupé de moverlos ellos todo el tiempo y ser, digámoslo, sensorialmente sensuales. Qué son abajo del escenario no sé. Pero apuntemos todos a ellos cuando están arriba: queremos verlos de nuevo.

¡Tacto que amas y luchas a ciegas!
¡Tacto encapuchado y enfundado!
¡Tacto de finos colmillos puntiagudos!…,
¿no te dolió dejarme?
Walt Whitman.

Sí. Pero nos vemos el 6 de julio en Casa del pueblo.

 

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