Diálogo sobre RES PUBLICA (por Patricia Oehrens – Matías González)

“el lenguaje es un virus” (W. Burroughs)

Después de la función de RES PUBLICA en La Panadería, nos colgamos un rato charlando sobre algunas sensaciones que nos había dejado la performance. Una vez que salimos de ahí, casi como en procesión, sintiendo todavía el espesor de lo vivido, volvíamos a casa por Lamadrid, la cual, a esa hora de la noche, suele ser algo desolada y oscura. Esta especie de intimidad nocturnanos invitaba a seguir la charla, como una necesidad de nombrar lo que pasó por los cuerpos.

-Cheee…en la primera parte, como que me resultó difícil mantener la atención en el texto. Igual, después, progresivamente, me liberé un toque de buscar sentido en los discursos, para adentrarme más al juego dialéctico entre texto y movimiento, sin una síntesis clara.

-Claro, en el arte, una dialéctica en constante tensión formal (texto-movimiento, en este caso) amplía las posibilidades de sentido, sin clausurar ninguna. Al contrario, las multiplica. Y esta performance como que deja voces-gritos y textos impregnados resonando de manera vertiginosa en el cuerpo.

-Igual, creo que, justamente, esa tensión o dialéctica de la que hablás, entre texto y movimiento, parece también presentarnos un estado de la cuestión de lo que es -o podría ser- nuestra condición política-social. Una dialéctica insoluble entre cuerpos y Estado. Es más, la puesta nos hace llegar a un punto en el que se desdibujan los intereses comunes de una sociedad, entre lo que se instala como Estado y lo que queremos nosotrs.

-Como una confusión entre el deber o la necesidad construida y el deseo…

-Claro, podría ser eso. Pero me refiero a que se nos presenta un exceso de información y un exceso de movimientos corporales; a veces coordinados, a veces no. Pero cuya percepción no permite que nos detengamos en los discursos o en la relación que puede existir entre esos cuerpos y los discursos. Aunque tal vez, en el fondo, no la haya. Un juego de apariencias…

-De opinión, en el sentido platónico.

-Estaba pensando más en los cuerpos, los cuales parecen estar en resistencia a los discursos. Aún los discursos que los mismos cuerpos expresan. Dos dialécticas: una macro-dialéctica, entre ls performers y la voz que habla desde lo alto, pensando esta voz de dos maneras: primero, como una voz hegemónica o de poder que dicta las condiciones de los cuatro cuerpos, ahí abajo –y los cuerpos del público también, obvio-, y también como la voz del director, dirigiendo estos cuerpos; y en este sentido, se puede pensar como metateatral, no? Y la segunda dialéctica es más micro: una micro-dialéctica, que se produce en ls misms performers, entre lo que ells dicen y lo que ells hacen.

-¿Y el público?

-Bueno, el público, sentado en el suelo…

-Sí, el piso estaba helado y tuve que poner la campera para sentarme. Yo venía del laburo y tenía mucho cansancio, y pensé que iba a ver una obra de teatro, sentarme en un asiento cómodo, qué se yo…

-Claro, eso me parece que genera otra tensión. El polvo, la tierra que se levantaba del suelo en cada movimiento performático.
-¡Parecía que lo hacían a propósito!

-¡Jaja! ¡Sí, mal! Creo que esto obligó al público a una tensión y una atención molesta, incómoda.

-Con las luces y sentads, ahí, respirando el polvillo que se levantaba del piso, parecía que estábamos en una pelea clandestina.

-Jajaja, ¡tal cual!Ahí entramos también en otra dialéctica: el público entra (en la obra) y resiste. Entramos en esa energía, pero, a su vez, también, nos resistimos corporalmente a la propuesta.

-No, claro, sin darnos cuenta, como público, ¡tuvimos que laburar muchísimo! jaja

-Entonces, podemos decir, que esto pasa en un teatro de presentación, ¿no? es decir, un teatro que pone, pese al texto de Platón o al vestuario, los cuerpos en un primer plano, atravesando su propio cansancio e incomodidad -el público también, se entiende… Un teatro que tiende más a lo artaudiano. Hasta se podría pensar que los cuerpos van a contrapelo de la parafernalia teatral, con su vestuario de médics, los juegos de persecución y de agotamiento, dejado por completo todo eso, es decir, la racionalidad occidental, fundamentada en un estado sano o en un teatro de apariencias o de sentidos.

-Ajá…aunque también podemos hablar que hay representación…

-No, al contrario, estoy hablando de un teatro en tanto encuentro político y poético en el que los cuerpos están en contradicción con aquello que se está diciendo discursivamente. El público no sabe muy bien la linealidad de los discursos. Entonces, esa supuesta racionalidad de los estados occidentales (repúblicas) se impone sobre un irracional; la cosa pública se logra cuando se reprime o censura algo que queda debajo: el cuerpo, no? El cuerpo enfermo, el cuerpo siniestro o bello. Es más, lo que llegamos a ver, entre otras cosas, en RES PUBLICA es, precisamente, no a Platón, sino lo que supone subrepticiamente y lo que ha escondido Platón: el acontecimiento corporal, vivo, violento y violentado, que inherentemente es irracional, pese a la insistencia de una palabra articulada.

-Claro, pero, igual, Platón no deja de estar: los textos, la voz en lo alto, el vestuario de médics, parecieran que hablan de la idea de un estado ascéptico, regulado en sus actividades, en donde se determina quiénes están en condiciones de ser parte de él. Casi como que no hay escapatoria. Y somos nosotrs, como público, quienes no permitimos dejar salir, ni dejarnos salir de ese cuadrilátero que formamos. Es más, los cuerpos, esos cuerpos crudos, de los que hablás vos, también proponen una gimnasia, una vigilancia y una tiranía entre ellos. Eso se ve.

-Sí, todo bien, ahora… ¿vos pensaste eso en ese momento, mientras la veías?

-Bueno, no. Algunas cosas sí y otras las pienso ahora. Lo que me parece es que Platón es un resorte que nos invita a pensar la historia política-social occidental. Platón es el punto de partida para pensar cómo los relatos oficiales, que se presentan reificados, siempre surgieron de disputas y redefiniciones. Hoy podemos pensar cómo se está jugando, con muertos y desaparecidos, el concepto de democracia.

-Sí, pero creo que eso es un análisis a posteriori. Lo que creo que pasa ahí es que el público está atravesado e incomodado e, incluso, sacado de lugar, por el cansancio, el tedio, la mirada y el cuerpo de lsperformers. ¿Y qué otra cosa acabamos de experimentar sino el de un acontecimiento político y poético que se desnuda para romper cualquier posibilidad de “ilusión”, e ir hasta el fondo de esa imposibilidad de ordenarnos como sociedad racional, porque en el fondo somos, o podemos ser, otra cosa?

-¿Qué otra cosa?

-Bueno, igual no sé, como que está en proceso todavía la obra. Pero si vamos al caso, el teatro nos interroga de diversas maneras: o sacamos conclusiones, de forma lógica o alegórica, o nos extrañamos a la manera brechtiana. Pero cierto tipo de teatro, que desdibuja el espacio y los roles, que desdibuja los límites entre lo artístico y lo antropológico, va un toque más allá: nos configura o desconfigura como cuerpos, sujetos-ciudadanos, ahí mismo, con otrs, lo que posibilita nuevas prácticas sociales, a partir, precisamente, de una deconstrucción social, política, estética.

-No concuerdo con eso. Para mí, la performance antes que una visión dialéctica o teleológica o genealógica, rescata la visión clásica del tiempo circular y por eso no podría asegurar rotundamente si habilita o no la posibilidad de pensar nuevas prácticas sociales que permitan nuevas formas de estar. Es decir, RES PUBLICA es un estado de la cuestión donde no hay una sola palabra ni un solo cuerpo, por más sano que parezca, que no esté construido desde la enfermedad y para enfermedad, por lo cual, difícilmente la obra tenga la intención de proponer ninguna cura.

-Pero es justamente esa violencia la que nos sacude. Es decir, en este estado crudo de los cuerpos, la obra nos violenta, nos hastía y nos satura. Siguiendo esta lógica, no es un teatro que purgueo sane, como una “catarsis”; al contrario, RES PUBLICA es un teatro que nos va contaminando de polvo, de secreciones, de eso real innombrable que se corporaliza, nos asusta, nos une y nos enferma.

RES PUBLICA – Intertextualidad

BS Teatro Performático

Concepción y dirección: Felipe Hirschfeldt

Performers: Romina Feijoo, Patricio Lodeiro, Sofía Lo Gatto, Andrés Iachuk Santarossa

# nota publicada el LUNES 27 DE NOVIEMBRE DE 2017

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